Conan, un guión de Oliver Stone

26 03 2008

oliver en NAM

En mi opinión Oliver Stone es el Walt Whitman del cine americano, un constructor de su identidad nacional. Veterano de Vietman, estudiante de cine en New York, guionista y luego director de películas sobre la grandeza y la caída: Nixon, Morrison, Alejandro, Kennedy y Juliette Lewis todos sus personajes triunfan efímeramente para caer después en la ruina, que no en el olvido. Hombre hecho a si mismo y artista empieza su carrera como guionista demostrando una habilidad increíble para el lenguaje cinematográfico. Al contrario de otro compañero de generación, Coppola, que se inicia en el cine escribiendo el guión de Patton donde el autor se adapta a los formatos clásicos que luego reinterpretaría en la saga del Padrino, Stone desde sus comienzos apunta maneras de contestatario.

Supongo que luchar en la jungla da una manera diferente de percibir el espacio y el tiempo. Se abre camino con El expreso de medianoche y básicamente asusta a todo el mundo y le quita unos cuantos turistas a Estambul ese verano. Luego llega Conan, película difícil de juzgar donde las haya, uno de esos trabajos fallidos en su concepción que sin embargo sobresalen por el talento individual de los creadores principales (Stone, Milius, Robert E. Howard, y Polidouris).

El fuego y el viento vienen del cielo, de los dioses del cielo, pero tu dios es Crom.

Crom vive en la tierra.

Antes, los gigantes vivían aquí, Conan.

Y en la oscuridad del caos.

engañaron a Crom y le arrebataron el enigma del acero.

Crom se enfureció y la tierra tembló.

El fuego y el viento derribaron a los gigantes y cayeron al agua.

Pero en su ira, los dioses olvidaron el secreto del acero

en el campo de batalla.

Nosotros lo encontramos, pero sólo somos hombres.

Ni dioses, ni gigantes.

Sólo hombres.

…Dice Stone a través del personaje del padre de Conan, mezclando hábilmente en los cimmerios monoteísmo (…pero tu Dios es Crom), con el paganismo del mito de Prometeo (el robo del fuego/acero a los dioses para dárselo a los hombres). Como otras tantas pequeñas aportaciones para la recreación del mundo de Conan, la Era Hyboria; la mezcla del culto de Set, el animismo de las tribus nómadas, los adoradores del viento y las amazonas, los tótem animales, el culto a las serpientes y a los dioses guerreros. Llamarlo “espada y brujería” es simplificar demasiado.

conan

Conan fascina porque sus personajes no se parecen en nada a nosotros, pertenecen al tiempo de los mitos. Cada una de sus vidas es una pequeña tragedia sin objetivos, como la de un animal que no es consciente de si mismo, individuos enmarcados en un mundo oscuro y supersticioso, que apenas está despertando a su humanidad. Vemos, de una forma completamente descafeinada, escenas de canibalismo, orgías, bestialismo, tortura, y violencia como forma de vida. Mientras que en el cómic original Conan nos era presentado como un niño nacido en un campo de batalla, curtido como mercenario y aventurero, libre como el hombre primitivo; en la película Stone lo convierte en un refugiado, en una victima del saqueo ,que utilizado como gladiador, basa toda su existencia en la venganza. Su némesis, un James Earl Jones de ojos verdes que se transmuta en serpiente, asesina a su familia y roba la espada de su padre en lo que sería el clásico arranque de la historia del héroe. Pero hay matices importantes porque en este caso el villano es el que tiene un auténtico objetivo, algo que lo impulsa sin ayuda de nada más, la búsqueda del secreto del acero “una búsqueda que empecé siendo joven” y que concluye con una afirmación reveladora “la carne es más fuerte que el acero” algo muy sofisticado para un adorador de serpientes, como los antiguos habitantes de Katmandú y Delhi (una serpiente tienta a Eva, otra cubre la cabeza de Buda en su iluminación y otras tantas salpican la mitología prehistórica de las que no quedan crónicas pues no había escritura, tiempos de tribus que suenan más espada y brujería que los hyboreos y escitas de Conan, que por otra parte también existieron; los arios, los dorios, los pueblos del mar…. las primeras grandes oleadas migratorias en las que se mueve la fantasía de Conan y que conservan puro el exotismo y el misterio; como las torres de la serpiente de Thulsa Doom en la película esparcieron por el mundo, por la exigua civilización que se estaba forjando, los nuevos cultos masculinos, Zeus, Amón, Yavhe, modelos de Crom, y apartaron a la primigenia sociedad matriarcal del culto a la luna y a la fertilidad que solo nos legaron las famosas Venus, mujeres embarazadas sin brazos, símbolo de la tierra).

tal

Stone reconoce la superioridad de Thulsa Doom sobre Conan, del villano sobre el héroe. “Yo soy la fuente de la que tu manas” le dice a Conan para intentar evitar su muerte. Thulsa Doom es un gurú, un místico. Al contrario de otros tantos malvados del cine no le mueve la codicia, o el ansia de conquista sino la fe, es un líder religioso que proclama la liberación del esclavo sobre el amo, el siervo sobre el señor, el hijo y el padre, toma como concubina a la hija de un rey y se lamenta por Conan, por su fuerza desperdiciada cuando le condena a muerte. Le reprocha que le regalara la joya que estaba en el ojo de la serpiente a una mujer, pues considera que es caer en la tentación del placer mundano; sacrifica a una joven hermosa para probar una teoría. Es un personaje mucho más interesante que el protagonista y es porque Stone vio en él al verdadero revolucionario, no al Conan ladrón y vagabundo, sino al provocador, libidinoso, filosofo, nigromante y mago negro James Earl Jones.

tul

Por fin ha llegado el castigo.

Ha llegado el día del juicio.

Todo lo que es malvado, todo lo que tiene ojos,

vuestros padres, vuestros líderes.

Aquellos que se proclamen vuestros jueces.

Todos los que han mentido

y han corrompido la tierra.

Todos deben ser purificados.

Vosotros, hijos míos, sois el agua

que arrastrará lo que ya se fue.

En vuestras manos tenéis mi luz,

el brillo del ojo de Set.

¡Esta llama iluminará la oscuridad

en el camino al paraíso!

Oliver Stone-1982

 

 





Recordando el campo de los mirlos

20 02 2008

De todos los grandes imperios que han salpicado la historia ninguno tiene, en mi opinión, tan mala fama como el Imperio Otomano. La reputación de un imperio suele medirse en función de sus logros en alguna materia concreta, por ejemplo el romano en la ingeniería, o el británico, cómo precursor del modelo económico capitalista globalizador (se podría decir que la Compañía de las Indias Orientales fue la 1º multinacional de la historia). Sin embargo para Occidente Turquía siempre será la puerta de Asia, y por lo tanto, frontera de lo extraño y lo desconocido. Así lo veían los antiguos europeos, especialmente los que vivían más al este, serbios, griegos, búlgaros, rumanos… pueblos que durante largos periodos de tiempo fueron ocupados por los Otomanos, algunos 4 siglos. Las viejas heridas cicatrizan con dificultad.

Kosovo ha declarado su independencia (unilateralmente denuncian algunos, aunque la independencia no se da, se toma si es que quiere tener alguna legitimidad). Muchos países occidentales reconocen al nuevo estado, pero los serbios no aceptan la partición de su territorio, y menos en una zona con tanta importancia histórica como Kosovo. Y es que allí tuvo lugar el 28 de junio de 1389 la batalla del campo de los mirlos, entre los serbios al mando del príncipe Lazar y las tropas del sultán turco Murad I. Los serbios, que basaban su potencial en la caballería pesada sucumbieron ante los caballos de origen mongol de la caballería otomana, mucho más rápidos y resistentes. A pesar de no ser una batalla definitiva y que la anexión de Serbia tuvo lugar finalmente en 1459 (y hasta 1867, cuando los últimos soldados turcos abandonaron la fortaleza de Belgrado), el golpe psicológico a la joven y orgullosa nación fue grande. Los buitres se pasaron días alimentándose del ejercito de Lazar. Poco quedaba de las armaduras con adornos de oro que llevaban los príncipes. Y es que Serbia no era una nación atrasada ni pobre; con el arte religioso y sus iglesias anticiparon lo que luego sería el Renacimiento Italiano, pero sus logros fueron barridos por los otomanos y lo que no fue destruido se guardó en los monasterios ortodoxos (como el de Gračanica en Kosovo) que, construidos en la época de mayor esplendor que vivieron los Balcanes, el reinado del Emperador Esteban Dušan a mediados del siglo XIV, se repartían por el país, atesorando la memoria de los serbios.

 

Lazar

El príncipe Lazar Hrebeljanović un lunes por la mañana

Murad I

Murad I

 

 

 

“Serbia nunca ha traicionado a Europa y ahora Europa traiciona a Serbia” exclaman en las calles de Belgrado. Encajonados entre fuerzas formidables (el miedo de occidente, el empuje de Oriente) los serbios hayan una forma de autoafirmación en proclamar su derecho a no perder más territorio, a vivir en consecuencia a la historia que les han enseñado (por muy subjetiva que esta sea). Demográficamente los albaneses son mayoría en Kosovo (sus antepasados posiblemente fueron mercenarios llegados de Azerbaiján en el siglo XI, durante las invasiones árabes del sur de Europa) pero los Serbios tienen más muertos enterrados.

Es muy poco probable que volvamos a ver una limpieza étnica en los Balcanes. En teoría es razonable pensar que las fuerzas militares de las Naciones Unidas sirvan de muro de contención para las posturas más radicales (el primer ministro serbio ya ha dicho que no utilizara la violencia para “recuperar” Kosovo), pero no debemos olvidar que tradicionalmente son los paramilitares más o menos descontrolados los que llevan a cabo las matanzas. Parece ser que los albaneses odian el licor de ciruela (muy típico de la zona) debido a que era con lo que se emborrachaban los partisanos serbios antes de sus incursiones al final de la segunda guerra mundial, un periodo de la historia menos vistoso que la guerra en si pero que muchos ocuparon en ajustar cuentas en medio del caos de la retirada nazi de los Balcanes y la llegada del Ejército Rojo.

 

De momento solo hay manifestaciones y algún ataque aislado en los puestos fronterizos, pero recordemos las palabras con las que las madres serbias saludaban a sus hijos al nacer durante la ocupación Otomana, la “larga noche Oriental”:

“bienvenido al mundo, joven vengador de Kosovo”