mi escena preferida del año audiovisual. Danzas primitivas,trance, agobio, ruido, ritmos, repetición, progresión, un plano secuencia inexplicable para un occidental.
mi escena preferida del año audiovisual. Danzas primitivas,trance, agobio, ruido, ritmos, repetición, progresión, un plano secuencia inexplicable para un occidental.
ya sabes, amateur.
En mi opinión Oliver Stone es el Walt Whitman del cine americano, un constructor de su identidad nacional. Veterano de Vietman, estudiante de cine en New York, guionista y luego director de películas sobre la grandeza y la caída: Nixon, Morrison, Alejandro, Kennedy y Juliette Lewis todos sus personajes triunfan efímeramente para caer después en la ruina, que no en el olvido. Hombre hecho a si mismo y artista empieza su carrera como guionista demostrando una habilidad increíble para el lenguaje cinematográfico. Al contrario de otro compañero de generación, Coppola, que se inicia en el cine escribiendo el guión de Patton donde el autor se adapta a los formatos clásicos que luego reinterpretaría en la saga del Padrino, Stone desde sus comienzos apunta maneras de contestatario.
Supongo que luchar en la jungla da una manera diferente de percibir el espacio y el tiempo. Se abre camino con El expreso de medianoche y básicamente asusta a todo el mundo y le quita unos cuantos turistas a Estambul ese verano. Luego llega Conan, película difícil de juzgar donde las haya, uno de esos trabajos fallidos en su concepción que sin embargo sobresalen por el talento individual de los creadores principales (Stone, Milius, Robert E. Howard, y Polidouris).
El fuego y el viento vienen del cielo, de los dioses del cielo, pero tu dios es Crom.
Crom vive en la tierra.
Antes, los gigantes vivían aquí, Conan.
Y en la oscuridad del caos.
engañaron a Crom y le arrebataron el enigma del acero.
Crom se enfureció y la tierra tembló.
El fuego y el viento derribaron a los gigantes y cayeron al agua.
Pero en su ira, los dioses olvidaron el secreto del acero
en el campo de batalla.
Nosotros lo encontramos, pero sólo somos hombres.
Ni dioses, ni gigantes.
Sólo hombres.
…Dice Stone a través del personaje del padre de Conan, mezclando hábilmente en los cimmerios monoteísmo (…pero tu Dios es Crom), con el paganismo del mito de Prometeo (el robo del fuego/acero a los dioses para dárselo a los hombres). Como otras tantas pequeñas aportaciones para la recreación del mundo de Conan, la Era Hyboria; la mezcla del culto de Set, el animismo de las tribus nómadas, los adoradores del viento y las amazonas, los tótem animales, el culto a las serpientes y a los dioses guerreros. Llamarlo “espada y brujería” es simplificar demasiado.
Conan fascina porque sus personajes no se parecen en nada a nosotros, pertenecen al tiempo de los mitos. Cada una de sus vidas es una pequeña tragedia sin objetivos, como la de un animal que no es consciente de si mismo, individuos enmarcados en un mundo oscuro y supersticioso, que apenas está despertando a su humanidad. Vemos, de una forma completamente descafeinada, escenas de canibalismo, orgías, bestialismo, tortura, y violencia como forma de vida. Mientras que en el cómic original Conan nos era presentado como un niño nacido en un campo de batalla, curtido como mercenario y aventurero, libre como el hombre primitivo; en la película Stone lo convierte en un refugiado, en una victima del saqueo ,que utilizado como gladiador, basa toda su existencia en la venganza. Su némesis, un James Earl Jones de ojos verdes que se transmuta en serpiente, asesina a su familia y roba la espada de su padre en lo que sería el clásico arranque de la historia del héroe. Pero hay matices importantes porque en este caso el villano es el que tiene un auténtico objetivo, algo que lo impulsa sin ayuda de nada más, la búsqueda del secreto del acero “una búsqueda que empecé siendo joven” y que concluye con una afirmación reveladora “la carne es más fuerte que el acero” algo muy sofisticado para un adorador de serpientes, como los antiguos habitantes de Katmandú y Delhi (una serpiente tienta a Eva, otra cubre la cabeza de Buda en su iluminación y otras tantas salpican la mitología prehistórica de las que no quedan crónicas pues no había escritura, tiempos de tribus que suenan más espada y brujería que los hyboreos y escitas de Conan, que por otra parte también existieron; los arios, los dorios, los pueblos del mar…. las primeras grandes oleadas migratorias en las que se mueve la fantasía de Conan y que conservan puro el exotismo y el misterio; como las torres de la serpiente de Thulsa Doom en la película esparcieron por el mundo, por la exigua civilización que se estaba forjando, los nuevos cultos masculinos, Zeus, Amón, Yavhe, modelos de Crom, y apartaron a la primigenia sociedad matriarcal del culto a la luna y a la fertilidad que solo nos legaron las famosas Venus, mujeres embarazadas sin brazos, símbolo de la tierra).
Stone reconoce la superioridad de Thulsa Doom sobre Conan, del villano sobre el héroe. “Yo soy la fuente de la que tu manas” le dice a Conan para intentar evitar su muerte. Thulsa Doom es un gurú, un místico. Al contrario de otros tantos malvados del cine no le mueve la codicia, o el ansia de conquista sino la fe, es un líder religioso que proclama la liberación del esclavo sobre el amo, el siervo sobre el señor, el hijo y el padre, toma como concubina a la hija de un rey y se lamenta por Conan, por su fuerza desperdiciada cuando le condena a muerte. Le reprocha que le regalara la joya que estaba en el ojo de la serpiente a una mujer, pues considera que es caer en la tentación del placer mundano; sacrifica a una joven hermosa para probar una teoría. Es un personaje mucho más interesante que el protagonista y es porque Stone vio en él al verdadero revolucionario, no al Conan ladrón y vagabundo, sino al provocador, libidinoso, filosofo, nigromante y mago negro James Earl Jones.
Por fin ha llegado el castigo.
Ha llegado el día del juicio.
Todo lo que es malvado, todo lo que tiene ojos,
vuestros padres, vuestros líderes.
Aquellos que se proclamen vuestros jueces.
Todos los que han mentido
y han corrompido la tierra.
Todos deben ser purificados.
Vosotros, hijos míos, sois el agua
que arrastrará lo que ya se fue.
En vuestras manos tenéis mi luz,
el brillo del ojo de Set.
¡Esta llama iluminará la oscuridad
en el camino al paraíso!
Oliver Stone-1982
Hay actores que llevan a un personaje grabado en la cara, por costumbre o nacimiento parecen destinados a identificar emociones iguales en todas sus películas, son especialistas en su rol y la versatilidad que ha veces tanto se admira en los actores pierde su importancia.
Por ejemplo Jeremy Irons, que materializa con la expresión de su cara la pasión contenida, la sensación de estar siempre a punto de explotar. O los actores de sonrisa perenne, como Robin Williams, esxperto en transmitir inocencia casi siempre contrapuesta a algún tipo de brutalidad (un niño en “Jack”, un profesor liberal en “El club de los poetas muertos” o un locutor de radio en zona de guerra en “Good Morning Vietman”. En la película a la que pertenece el fragmento de arriba (“El rey pescador) interpreta a un “buen chiflado” que pierde a su mujer en un asesinato colectivo alentado, involuntariamente, por un programa de radio que dirige el inefable Jeff Bridges, que al encontrarse con él por casualidad y carcomido por la culpa decide ayudarle en lo que pueda, que resulta ser conquistar a una chica (también expresión de lo inocente: pequeña, delgada, extremadamente pálida).
Mientras que en la mayoría de los guiones convencionales el final consistiría en que el chiflado se lleva a la chica y el arrepentido locutor limpia su conciencia aquí nos encontramos con un giro interesante, y es que una vez que consiguen su objetivo y la pareja está poco menos que formalizada, Perry (así se llama el particular Romeo) revive la muerte de su mujer y se queda catatónico, con lo que el final feliz queda truncado, y el locutor, Bridges, lejos de compartir el destino trágico de su nuevo amigo recupera la confianza en si mismo y vuelve a su programa, y además con el mismo tono agresivo que le había llevado a la caída anteriormente. Ya en la cumbre de su carrera y habiendo abandonado a la mujer del videoclub, que le ayudó y acogió cuando estaba en el arroyo, se da cuenta de que todo lo que ha recuperado, su nueva vida de éxito en realidad es nada, porque se siente responsable de Perry, que sigue en el hospital. Y no puede ser feliz mientras él, y la chica que le había conseguido y su propia ex novia, no lo sean. Para saber el final mejor ver la película
Esta idea de realizarse ayudando a los demás en vez de ayudándose a si mismo es recurrente en la Historia. Está en los textos del budismo, en el nuevo testamento, en la novelas de caballerías, en las novelas victorianas de Dickens y en un sinfín de géneros literarios más; y, por supuesto, también en muchas películas, tanto en forma de comedia como de drama y en producciones que proceden de industrias y culturas muy diferentes. Un ejemplo contemporáneo de “El rey pescador” y con el mismo mensaje moralizante es “Atrapado en el tiempo”. Bill Murray no escapa de su maldición hasta que olvida su egoismo y dedica todo su tiempo a mejorar la vida de los habitantes de la ciudad de la marmota.
Pero si hay una película que desarrolla esta idea esa es “Vivir” de Akira Kurosawa, del que ya decía Coppola que “un gran director de cine suele tener una o dos obras maestras en su filmografía, Kurosawa tiene seis o siete”, y está es a mi juicio una de las mejores, muy alejada de la épica de los samurais , rodada con el blanco y negro del neorrealismo y sin sonido ambiente, una película extremadamente seca, sin estilismos pero de planos y movimientos de cámara firmes, que narra los últimos meses de vida de un funcionario japonés (Takashi Shimura) en la posguerra con un cáncer mortal de estomago, que, desesperado porque su vida ha estado vacía por culpa de la rutina de su trabajo, se pregunta, ahora que va a morir, si algo de lo que ha hecho con su tiempo ha merecido la pena. Tras vagabundear por la ciudad asistiendo al día a día de las personas que le rodean se da cuenta de que no se puede vivir en la pasividad y decide emplear su trabajo de funcionario para construir un parque para sus vecinos, en vez de dejar pasar las horas en su mesa mirando papeles (la película arranca con un grupo de mujeres que van al ayuntamiento para pedir que se construya un parque para los niños del barrio, pero nadie les hace caso). Al final, cuando ya ha muerto sus amigos y familiares se reúnen para despedirle y recordar su vida, llegando a la conclusión de que fue en sus últimos días, ayudando a los demás, cuando realmente empezó a vivir.
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