y de primer plato… violencia

19 02 2008

I
Una gran parte de lo que se puede llamar cine contemporáneo es de origen oriental. Entendemos por contemporáneo el que es capaz de reflejar algo, aunque sea una pequeña parte, del mundo donde se ha gestado; esto no quiere decir que trate sobre un tema de actualidad,o incluir personajes verídicos o rimar con palabras que suenen a tecnología (recuerdo esa desafortunada canción de Tam Tam Go a finales de los 90 “te di todo mi amor arrobalopuntocom… mándame un imail que te abriré mi buzón….”). Por el contrario, las películas que son hijas de su tiempo a menudo no necesitan de estos símbolos, por si mismas y desde el principio del metraje provocan una sensación como de estar entre amigos, bajas la guardia y, efecto curioso en el cine, olvidas las comparaciones; es decir, cuando se ve una película de género, pongamos western, la estética que nos muestran, las imágenes que maneja la historia recuerdan, se enlazan con otras películas. La ropa, los edificios, ¡la expresión de la cara de los actores… ¿Qué intérprete se atrevería a usar hoy las muecas de John Wayne en Río Bravo, o la mirada de sátiro de Malcom Macdowell en la naranja mecánica sin miedo a caer en el ridículo de la exageración? Sin embargo en una película de las que hablamos se nota una familiaridad que no tiene antecedentes, un escalofrío morboso que recuerda al que provocan las imágenes de desgracias en televisión, cerca de la excitación y el miedo de identificarse con la víctima, la ira contra la injusticias y por ultimo un momento de farsa final para relajar la tensión y respirar aliviados. Estas películas están tan cerca de nosotros que reflejan con demasiada frecuencia lo peor de la sociedad, ridiculizan los valores y tótem sagrados de la ética.
Afortunadamente para los amantes de lo incorrecto y los malos modales la violencia está de moda. Parafraseando a uno de los creadores de los efectos de Matrix “hemos puesto el listón tan alto que ya no hay listón”. Y es tal la maldad y la indiferencia que muestran los personajes de Ichi the killer, que Takashii Mike, su director, bien podría apropiarse de esta frase para definir su concepto de violencia.
Kakihara

II

Harmony Korine es lla otra cara de la moneda: el realismo duro, grotesco, también cercano a la farsa, pero inquietante por ser la verdad desnuda. Igual que las personas nos parecen extrañas sin ropa, porque vestidas es como nos hemos formado una idea de ellas, los personajes de este director nos provocan la sensación de todos estamos indefensos ante nuestras debilidades, que somos irremediablemente patéticos y trágicos. Por supuesto no es posible el equilibrio, las historias se truncan desde el comienzo. Por eso en Kids es el Sida quien pasa de la indefensa Chole Sevigny a Casper en la escena que cierra la historia y el comienzo de sus vidas adultas y en Ken Park la 1º escena consiste e el suicidio de un adolescente.

Tummler

Dice Werner Herzog “Cuando vi el pedazo de tocino frito pegado en la pared del baño en Gummo, me caí de la silla. (Korine) es una voz diáfana de una generación de realizadores que está tomando nuevas posiciones. Esto no va a dominar el mundo cinematográfico, pero ¿qué importa?”

La simple provocación no causa ningún efecto que no sea la risa a no ser que esté encuadrada en una historia. Y aunque yo no me fijé en el tocino frito de Gummo si que me va a resultar difícil olvidar la expresión indiferente de los ojos de los protagonistas mientras un padre prostituye a su hija para ellos, o cuando Takashii Mike literalmente raja de arriba abajo los estereotipos de amor entre un hombre y una mujer. Muchas veces se ha visto como el chico salva a su amada de las garras del malvado que la tiene retenida, para después fugarse con ella hacia una hermosa puesta de sol. Sin embargo Ichi se masturba mientras golpean a la prostituta de la que se ha encaprichado (por decir algo amable) y cuando finalmente se decide a ayudarla no es por amor, sino por la codicia de sustituir al agresor en su juego masoquista “Te dije que lo mataría por ti…no te preocupes, a partir de ahora, te pegare yo…” es la frase que mejor hace equilibrio entre el terror y la comedia en toda la película, una dualidad muy propia del cine japonés
(Hana bi, el mayor éxito de Kitano, es definida por muchos críticos como “un poema de amor y horror”). Estos directores recogen los frutos de la exposición de la privacidad y los sentimientos, de la liberación de la moral para contarnos historias que nos estremezcan por lo que puede haber de ellas en nosotros mismos y en lo que nos rodea. Y debemos agradecerles esa “voz diáfana”.

III

chica con cancer de mama en gummo

Los protagonistas de Gummo son como aliens de mirada perdida. Una burla sobre la imagen casi mitologica del protagonista rubio, joven y profundamente occidental de gran parte de los sueños de grandeza en el cine y la literatura. Bret Easton Ellis (compañero generacional de Korine y autor de American Psycho) en su novela “Menos que cero” , conduce a muchos de estos herederos del mundo a la oscuridad y el nihilismo entre dinero y peliculas snuff. Ángeles rubios y bronceados que en Gummo parecen haber pasado por un proceso de mutación. De igual forma la muchacha maltratada por Ichi lleva una mascara para infundirnos terror. La mitad de su cara esta limpia, intacta, y su ojo nos mira hasta con dulzura, pero la otra parte está desfigurada, el ojo como un muñón , la nariz hundida, la sangre reseca en la frente y la boca.

Otra burla de las buenas intenciones con paralelismos en las dos películas es que sus personajes están habituados a llevar caretas, adornos, signos tribales postapocalipticos, reciclados de la cultura popular y la mitología es su versión más oscura. Personalmente siempre me ha gustado cuando en una película el protagonista evoluciona fisicamente. No me refiero a casos extremos como Robert Deniro en Toro Salvaje. Hablo de algo más sutil, cuyo ejemplo perfecto seria Jack Nicholson en Chinatown con su célebre cicatriz que nos recuerda durante casi media película que esa es una historia de violencia, incesto y otros temas muy poco asépticos. En Ichi The Killer, Kakihara, el yakuza perseguido por Ichi, nos muestra una cara con las mejillas cortadas formando una expresión que muy pronto veremos copiada en la nueva película de Batman. Las niñas en Gummo entrenan para ser stripers. Los escolares en Ichi the killer violan a sus compañeras. No es casualidad que en ambas la cámara de videoaficionado sea un recurso para evocar recuerdos, suposiciones y revelaciones para los personajes; nos lleva a donde la historia no puede ir por si misma.


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